

Alejandría, 1798. Los franceses han tomado la ciudad, y Layla Hassan ha adoptado un nuevo nombre para sobrevivir entre ellos. De día es Mademoiselle Lambert, traductora del estado mayor ocupante. De noche lleva los secretos de su padre por las estrechas calles mamelucas hasta la resistencia que confía en ella. Cada palabra que traduce puede liberar a un hombre o colgarlo. Entonces llega un nuevo general desde El Cairo. Dicen que es diferente. Dicen que es callado. Nota las cosas que otros hombres pasan por alto, incluido el aliento que ella contiene entre un idioma y el siguiente, y el prisionero en el sótano que finge no conocer. Atrapada entre el hombre al que sirve y la causa que sirve en secreto, Layla custodia una traducción que podría destruirla con una sola sílaba mal situada. Él la observa. Ya ha escuchado demasiado. En una guerra que se libra en susurros, lo más peligroso que puede hacer es permitirle comprenderla. Un romance histórico de tensión lenta y atmósfera cautivadora para lectoras que aman el anhelo prohibido, las lealtades divididas y una heroína que no pertenece por completo a nadie más que a sí misma.