

Construyó un imperio sobre las ruinas que él dejó atrás. Ahora lo necesita de vuelta.
Claire Eldridge lleva diez años convirtiendo el equipo de carreras de su difunto padre en una potencia — controlando cada titular, cada contrato, cada fracción de segundo en el circuito. Nunca ha perdido la compostura. Hasta que la lesión que pone fin a la carrera de su piloto estrella la obliga a recorrer veinte kilómetros de grava tejana con tacones de diez centímetros para encontrar al único hombre que juró no volver a ver.
Jax Thornton desapareció tras abogados y silencios hace una década. Ahora vive en una soledad manchada de grasa, restaurando coches clásicos e ignorando su teléfono. Pero cuando Claire llega con un contrato de cuarenta y seis páginas y hielo en la voz, lo que hay entre ellos no ha desaparecido — solo ha estado al ralentí.
Tres décimas de segundo. Eso es lo que él le da en su primera vuelta de clasificación. Un número que lo cambia todo — para el equipo, los patrocinadores, y la distancia calculada que Claire ha mantenido entre el profesionalismo y el hombre que una vez supo exactamente cómo sabía.
Algunos márgenes son demasiado estrechos para controlar.