

A los treinta y siete años, Elinor Halloway ha construido su reputación en el mundo del arte de Nueva York con precisión y control absolutos. Cuando un poderoso mecenas desliza una tarjeta de hotel bajo su puerta —el millón ochocientos mil dólares de su fundación a cambio de una sola noche— ella no siente la rabia que ha ensayado durante once años. No siente nada. Y eso la aterra más que la amenaza misma. Su solución es una locura: conducir tres horas hacia el norte hasta una iglesia deconsagrada en el Hudson Valley y convencer a Julian Vane —artista solitario, poseedor de récords en subasta, un hombre que no devuelve las llamadas de nadie— de hacerse pasar por su amante en público. Una sola aparición. Una sola noche. Una sola mentira para mantener a raya a un depredador. Pero lo que comienza como una transacción de apariencias se convierte en algo mucho más peligroso de lo que cualquiera de los dos había imaginado. En un mundo donde cada gesto está curado y cada silencio es estratégico, Elinor debe decidir qué ocurre cuando el ensayo empieza a sentirse real.