

Georgia Hale no escribe para caer bien. Escribe para tener razón. Becaria de primer año con un bolso prestado y una grabadora que mantiene apagada, le han dado una oportunidad imposible: descubrir quién está detrás del mural que tiene al campus entero hablando, o ver su firma pasar al chico que lleva semanas esperando que fracase. El plazo vence el viernes. El decano quiere un nombre. Y Georgia ha construido su vida entera sobre el talento de observar a los demás sin dejar jamás que la observen a ella.
Entonces entra al Studio 314 y conoce a Rivers Kane.
Él responde preguntas con preguntas. Le da la vuelta a la entrevista. La ve de una manera que ella ha pasado dieciocho años rechazando. Cuanto más se acerca a la verdad, más difícil le resulta saber si está persiguiendo una historia o cayendo dentro de una.
Hay personas que guardan sus secretos. Rivers la hace querer guardar los suyos. Una colisión lenta y ardiente entre la ambición y el deseo, donde la línea entre observar y obsesionarse se difumina una frase silenciosa a la vez.